El vicio de apuntar
Una invitación
El poema siempre fue, por antonomasia, el lugar de mi escritura, mi intento de traducir el mundo sin buscar su captura. Trabajo, como diría Alicia Genovese, en la porosidad y la errancia. Pero hace ya una década que, también desde esa errancia, practico el ensayismo: soy apuntadora antes que escritora. Y de eso vengo a hablarles hoy, del vicio oficio de apuntar.
Si también eres de las que tienen varias libretas a la vez, notas del móvil con frases sueltas y citas por todo sitio, lo que viene a continuación te interesa.
ESCRITOR SOLDADO vs. ESCRITOR SOLDADOR
Lo sé, lo de versus no encaja. La idea no es enfrentar las formas, la idea es destacar sus diferencias. Diferencias, por cierto, que no se me ocurrieron a mí, sino que se las escuché en un taller a Alejandro Chuca, que se las escuchó en una entrevista a Ricardo Piglia, que aparentemente lo citaba a Andrés Rivera.
Eso es lo bueno de las ideas, soltarlas. Que otras personas puedan tocarlas, fascinarse —o desencantarse— y crear nuevas. ¿Qué son las nuevas ideas? Probablemente, el resultado de todas las ideas anteriores soldadas entre sí.
Si el escritor soldado es el que sale a la página con una estrategia, un objetivo claro y la intención de tomar al lenguaje, para él escribir es una conquista. En cambio, para el escritor soldador el desafío es trabajar con lo que ya está ahí. Su talento es ver que una idea que anotó puede soldarse con otra cita que guardó. Su escritura es un oficio de restos, de conexión entre restos. De ensamblaje.
En Poesía y errancia Genovese habla del acto de rastrear: entregarse a un movimiento atento a lo que se desconoce. La poeta y ensayista argentina pone como ejemplo lo que sucedía antes de que existieran los mapas, aquello de que realizábamos trayectos guiados por rastros que otras dejaban. Una piedra sobre otra piedra, una marca en un árbol, una línea del deseo1. En sus palabras, en el proceso de la errancia “se requiere apego al juego, predisposición, osadía para despojarse de preceptos y soportar cierta aridez (...) errar para ir arrastrando notas, fragmentos significativos”. Un viaje para “vagar, perderse, dejar el plan estricto. Desobedecer”.
ROBAR A GRANEL
En una entrevista sobre qué está pasando con el ensayo literario en español, Lina Meruane alude a la deconstrucción de este género mediante el proceso de despatriarcalización de la escritura. Ya no se trata únicamente de contar de manera científica los hechos, de escribir para llegar a la verdad, sino de iniciar un proceso profundo de figuración. Mientras se escribe se imagina, en consecuencia, se actúa.
El ensayo literario es un territorio entre la observación minuciosa y la intuición: el texto mismo se convierte en laboratorio. Se escribe para pensar y se piensa —se duda— mientras se escribe. Como en la errancia que propone Genovese, ensayar es, ante todo, un gesto de atención, un ir observando y dejando rastros, notas que se acumulan como pequeñas constelaciones que luego pueden formar un todo, aunque nunca cerrado ni definitivo. Miramos algo desde distintos ángulos, ponemos en diálogo con otros textos, con la experiencia propia, con la historia de las ideas.
Fue Jorge Luis Borges quien dijo: “quienes escriben en literaturas marginales, no sufren tanto el peso de la tradición asfixiante, pueden tomar de todos, pueden robar a granel.”
SECRETO, FIGURA, JUEGO
A los 29 años María Zambrano escribe su primer ensayo, Por qué se escribe, donde propone que quien escribe lo hace movido por dos estímulos: descubrir el secreto y comunicarlo. Pero ese secreto es un devenir progresivo. Quien escribe “va descubriendo su secreto en el aire y necesita ir fijando su trazo para acabar al fin por abarcar la totalidad de su figura”. Escribir, según Zambrano, es un acto de fe. El secreto se le muestra a quien escribe, pero no se le explica.
Lo que imagino al escribir todo esto es una imagen al estilo une los puntos y descubre la figura. Conejo, pez, bailarina. Ensayar es un poco eso, jugar a unir las líneas que ya veníamos trazando. Soldarlas, darles forma, que el deseo abra paso a la idea.
A eso vengo a invitarlas.
Un encuentro para leer, pensar y escribir desde nuestras propias notas.
Partiremos de libretas personales, apuntes sueltos, ideas a medio camino. Todo eso que normalmente queda en borradores, aquí se activa. Trabajaremos el ensayo como una manera de imaginar, soldar, desviar, robar, insistir.
La propuesta es simple: tomar una idea y ver hasta dónde llega.
Sábado 18 de abril, 17 a 20 h.
Casa Cultural Las Cerillas, Barcelona, metro Urgell
Valor: 30€
Inscripción: info.lascerillas@gmail.com
¿Nos vemos fuera de la pantalla?
Con besos,
Flor 🌷
Senderos o rutas espontáneas, a menudo sobre césped o tierra, creadas por la erosión de los pasos humanos o animales al elegir el camino más corto, lógico o cómodo entre dos puntos. Representan una forma de inteligencia colectiva que desafía el diseño urbano preestablecido.


Aquí hay temas bastante estimulantes: la vieja originalidad (¿qué nos pertenece?), la literatura menor o marginal frente a las Literaturas con L mayúscula de la vieja Kultur, las actitudes del escritor frente al "material de trabajo" (¿qué hacer con las notas, citas, etc?). Pero al final todo eso de la diferencia entre escritores es muy anecdótico, ¿no? No creo que se trate siempre de una cuestión de estrategias. Por ejemplo, está la diferencia entre plagio y "cita involuntaria", y la diferencia entre "robo para la recreación de lo robado" y mero plagio o calco. ¿Cómo saber si un escritor ha pasado o no por lo uno y por lo otro? (Cada escritor es muchos escritores). Por otra parte está María Zambrano, que todavía habla de cierto "secreto". Qué raro que esa palabra siga viva, ¿no? El siglo XX (qué decir del XXI) es un siglo contra el "secreto".
Flor, me ha encantado. Y que lo sueldes con Zambrano ha sido la guinda del pastel. Gracias por compartir tus ideas. Un abrazo!